En una época en que la rapidez se ha erigido en un valor esencial, hacer las cosas con fundamento es apostar por el oficio del diseño bien hecho. Y el conocimiento compartido es un elemento esencial en este desafío. Se trata, efectivamente, de un desafío porque consiste en ir contracorriente.
En Buenaventura tenemos muy claro que un proyecto se conforma por las personas implicadas en él. Esto es así por el valor que siempre atribuimos al proceso creativo. El conocimiento compartido significa que las decisiones no se toman sólo en el estudio, sino que el equipo de colaboradores constituye un cerebro múltiple, pensando al unísono para alcanzar un fin común. Una parte esencial de este engranaje de miradas múltiples es sin duda la imprenta.
La imprenta posee un papel determinante en el devenir de un proyecto de diseño, porque su cometido no se limita a producir; también desempeña un papel primordial en la toma de decisiones. El conocimiento por parte de los impresores de cómo reaccionan los diferentes materiales y su adecuación según sea la naturaleza del encargo es un factor que determina el resultado. Papeles, tinta, ajustes de color, máquinas, pruebas técnicas, un oficio de siglos que influye de manera decisiva en cómo se percibe el objeto una vez acabado.
Como es natural, cuando existe una relación fluida y de confianza entre la imprenta y el estudio, la calidad del proyecto se eleva considerablemente, gana en precisión y se ajusta mucho mejor a lo definido al inicio. Se comparten dudas, se prueban diferentes soluciones y se afinan esos detalles que son al fin y al cabo los que marcan la diferencia de calidad y belleza. Este diálogo facilita avanzar con seguridad y evita decisiones forzadas. El conocimiento de los profesionales impresores aporta una mirada necesariamente complementaria a la del diseñador. En muchas ocasiones, su rigor técnico y comprensión profunda de los materiales equilibra la creatividad al aportar su mirada pragmática.


Imprimerie du Marais
Estas son las premisas que alumbran la colaboración de Buenaventura con Imprimerie du Marais, empresa familiar con más de cincuenta años de trayectoria. Fundada en París en 1971 por Charles Przedborski, nació en un momento de intensa efervescencia creativa y con una decidida vocación por el libro y la impresión cuidada. Desde 1991, la imprenta está dirigida por la segunda generación, que ha sabido mantener vivo ese legado y proyectarlo hacia los nuevos tiempos.
La pasión por la edición, que fue el motor inicial, sigue intacta a día de hoy, tanto en su trabajo por encargo como en publicaciones propias que reflexionan sobre el oficio y sus posibilidades. Con el tiempo, la imprenta, sin perder nunca su esencia, amplió su campo de acción y consolidó su reconocimiento a través de proyectos para casas de moda y marcas de lujo.
Desde sus primeros talleres en el barrio del Marais en París hasta su presencia actual en ciudades como Londres, Nueva York o Ginebra, su crecimiento se cimenta sobre dos ejes, por un lado su alcance internacional y, por otro, el control del proceso y las altas exigencias de calidad marca de la casa. Los diferentes equipos trabajan de forma coordinada, de manera que logran mantener un vínculo constante entre producción, prototipado y seguimiento de cada proyecto. Esta estructura permite acompañar los trabajos de principio a fin y establecer un contacto cercano entre quienes diseñan, producen y supervisan, lo que les ha permitido mantenerse fieles al espíritu de su fundador.
El proyecto Raffles como paradigma de la colaboración imprenta/estudio
El proyecto Raffles fue una oportunidad para comprobarlo. Se trataba de un trabajo especialmente exigente por la complejidad de los acabados en diferentes piezas. El proyecto incorporaba golpes en seco de distintas profundidades, papeles especiales y soluciones técnicas poco habituales, que requerían un control preciso en cada fase.


Una parte esencial del proyecto y especialmente delicada era un libro que debía incluir, entre otras características especiales, troquelados tipo ventana y un sistema de packaging pensado como parte del propio proyecto editorial. A ello se sumaba la condición bilingüe de la publicación, en inglés y árabe, que exigía un cuidado extremo en la producción y en la coherencia del conjunto.
La imprenta se implicó desde el inicio, con un acompañamiento exhaustivo del proceso, ajustando pruebas y afinando cada decisión. Los acabados se resolvieron con precisión y el resultado fue fiel a la intención del diseño hasta en los detalles más sutiles. Todo se materializó tal y como había sido concebido, sin concesiones ni desviaciones.
Como es natural, este nivel de implicación convierte la relación estudio/imprenta en algo más que una prestación de servicio. Se genera confianza, se comparte criterio y el proyecto se beneficia de esa complicidad. El resultado fue coherente con la intención inicial, no solo por la calidad de la impresión, sino por la fidelidad con la que el objeto final respondió al diseño.
Una relación de confianza
El papel de la imprenta como socio creativo del estudio de diseño se basa en el trabajo mano a mano. Desde las primeras reuniones hasta la producción final, los impresores participan en la definición del proyecto, en la investigación de materiales y en la búsqueda de soluciones técnicas ajustadas a cada caso. El secreto está en saber adaptarse cuando el proyecto lo exige.
En un contexto cada vez más digital, colaborar con una imprenta que defiende el valor de la producción gráfica como experiencia tangible es una experiencia de incalculable trascendencia. Una colaboración que refuerza una idea de comunidad creativa basada en el conocimiento compartido; una manera de entender la imprenta como espacio de diálogo y confianza.
Ver proyecto Raffles Residences Diriyah
Ana Moliz
Directora de Arte. Buenaventura
