Tipografía y activismo. El poder de la comunicación visual 

El diseño social es una manera de entender el diseño en general. Y si existe una disciplina concreta en que esto se hace patente es en el diseño tipográfico. La tipografía como herramienta de comunicación por antonomasia ha sido y es protagonista, silenciosa e invisible a su modo, de los movimientos que reflejan las inquietudes y reivindicaciones de sociedades e individuos desde hace siglos. El activismo social se vale del poder comunicador de la tipografía para llevar su mensaje a todas partes.

Activismo como inspiración

El diseño tipográfico puede hallar una fuente inagotable de inspiración en las letras que desde pancartas, carteles y pasquines tratan de transmitir los mensajes que articulan cualquier reivindicación. En este contexto de urgencia y protesta es donde se puede llegar a percibir todo el poder visual de la escritura.

La letra es vehículo de comunicación y objeto visual, y la tensión entre ambas naturalezas es una de las claves de bóveda del diseño gráfico. Una tensión que en ocasiones estalla de manera gloriosa en pancartas elaboradas con ímpetu y rabia y en cuyas intenciones no entra ni de lejos la contemplación estética, sino que persiguen el impacto inmediato y rotundo, pero esa misma elaboración casi fortuita, puede acabar dando lugar a piezas sumamente inspiradoras desde el punto de vista formal, sin perder jamás de vista el contenido reivindicativo que las alienta.

Breve apunte histórico

Es difícil situar los antecedentes de lo que hoy conocemos como sociedad civil, por ello nos situaremos en la Europa Occidental de siglo XVIII, cuando ya no resultaba infrecuente la circulación de panfletos y pasquines, casi siempre anónimos, en los que se denunciaba, incluso con crudo sarcasmo, los desmanes y las injusticias del poder. Sin embargo, no es hasta bien entrado el siglo XIX que comienzan a tener lugar las protestas públicas, entre las cuales destacan las de las sufragistas británicas, sofocadas sin miramientos por los poderes de la época y cuyos eslóganes permanecen en la memoria de la lucha feminista y por los derechos civiles.

Aquellos eslóganes resultaban poderosas herramientas comunicativas, pues para que el mensaje llegue rápida y directamente, debe condensar en muy pocas palabras o símbolos visuales ideas a veces muy complejas. Como hemos apuntado un poco más arriba, esa elaboración urgente se ha acabado por convertir en seña de identidad colectiva, extremadamente expresiva en su precariedad y economía de medios, por lo que se ha acabado erigiendo en un estilo visual con personalidad propia. Tipografías sans serif stencil estampadas con plantillas y espray, letras recortadas formando abigarrados conjuntos multicolores, mayúsculas irregulares trazadas por manos apresuradas cuyo acabado completamente alejado de lo académico puede ser tomado como el summum de la expresión manual, este universo de letras es la materialización gráfica de la expresión colectiva y en él es posible encontrar verdaderas perlas de concisión comunicativa, ingenio e ironía.

El nuevo paradigma digital

Hoy en día, sobran los motivos para la protesta y, aunque las calles siguen siendo el escenario natural de las reivindicaciones colectivas, en el universo digital las redes sociales han abierto un nuevo espacio para los movimientos ciudadanos que posee sus propios códigos visuales. Es un paradigma completamente nuevo en el que, sin embargo, la tipografía no solo no ha perdido protagonismo, sino que, gracias a las nuevas posibilidades técnicas que le brinda la tecnología, afianza su papel como vehículo transmisor de ideas. Aparecen nuevas tecnologías cada vez más sofisticadas, pero la letra permanece como uno de los mayores logros intelectuales del ser humano.

Las letras han dejado de ser objetos estáticos y han aprendido a moverse, a modificar sus formas dinámicamente, a cambiar de color. Pero no solo han evolucionado desde una perspectiva meramente formal. De hecho, el más profundo cambio tiene que ver con cómo se concibe el diseño tipográfico actualmente y el modo en que este se relaciona con la diversidad y dinamismo de la sociedad actual. La tipografía es hija de su tiempo.

Compromiso tipográfico

Existen infinitas maneras de conjugar tipografía y activismo. Al fin y al cabo, la tipografía posee la capacidad de comunicar no solo a través de las palabras que compone, sino también mediante sus formas, su intención y sus posibilidades técnicas.

Algunos proyectos se enfocan en recaudar fondos y generar impacto social a través de la venta o uso solidario de tipografías. Es el caso de Buy Fonts Save Lives, iniciativa que destina los beneficios obtenidos por la venta de fuentes a apoyar a Cancer Research UK y Macmillan Cancer Support, organizaciones dedicadas a la investigación contra el cáncer y al acompañamiento de personas enfermas y sus familias.

Otros exploran la protesta y la reivindicación en el espacio público y digital. Public Protest Poster, surgido durante el confinamiento por la pandemia, combinó lo digital y lo físico para dar voz a personas aisladas en sus casas. Con el objetivo decidido de confrontar discursos discriminatorios se sitúa #notwithmytype, una herramienta que, mediante un simple ajuste en el código de la fuente, reemplaza la palabra N por un asterisco. El odio, el racismo o la xenofobia, por desgracia, se van a seguir esparciendo, pero al menos «no con mi tipografía».

En un plano más conceptual, el colectivo francobelga Bye Bye Binary trabaja desde 2018 en la intersección entre diseño tipográfico y lenguaje inclusivo postbinario. Su propuesta va más allá de ofrecer fórmulas gráficas inclusivas: plantea superar la noción misma de binarismo para reflejar la complejidad y riqueza de la naturaleza humana.

El poder de la comunicación visual

La tipografía y el diseño gráfico son herramientas hechas de presente. Actúan en función de lo que sucede a su alrededor en el momento en que sucede. Y en su capacidad de influir en la actualidad se configura el futuro. El pasado, su propia historia, les otorga coherencia y fortaleza, belleza y sentido funcional.

La tipografía es poderosa, por eso es importante que no desaparezca la noción de que, a pesar de la neutralidad que se piensa que deben tener las herramientas, posee un trasfondo moral. Porque al igual que es usada para el fomento de la convivencia y la búsqueda del bien común, se emplea para todo lo contrario. Y la ubicuidad de las redes sociales favorece que se difuminen los mensajes que buscan la discordia, haciéndolos todavía más peligrosos. Por eso es necesario que seamos conscientes del verdadero poder de la comunicación visual y conozcamos sus códigos y los sepamos interpretar, porque estamos rodeados de mensajes que claman incansables por llamar nuestra atención.

Ana Moliz
Directora de Arte. Buenaventura

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